ORIGEN DE LOS HÁBITOS ALIMENTARIOS

El origen de los hábitos alimentarios del ser humano no es arbitrario sino fruto de las circunstancias que han ido marcando su evolución histórica.

La supervivencia de las especies ha estado siempre ligada al medio geográfico y social y la adaptación de las mismas ha permitido su desarrollo e integración.

Los hombres primitivos fueron cazadores, recolectores, agricultores, pastores nómadas y grupos asentados en territorios donde cultivaron sus tierras y domesticaron animales para el consumo.

Seleccionaron alimentos del medio en el que vivían y aprendieron por el sistema de ensayo y error. Experimentaron y descubrieron posibilidades y recursos, iniciaron procedimientos de preparación y conservación de alimentos, los perfeccionaron y mejoraron sus formas de consumo desde las más rústicas hasta las más exquisitas. La humanidad ha ido creciendo a partir de esta herencia y se ha ido civilizando, en el sentido más positivo del término y, a partir de todo ello, construyendo su patrón alimentario (dieta) sobre la base de los alimentos propios de la zona que constituía su hábitat pero también del intercambio con otros pueblos.

El hombre ha rodeado los alimentos y el acto de la comida de mitos, símbolos, sentido religioso, prestigio, jerarquía y adecuación a sus propias necesidades físicas psíquicas y sociales (alimentos de fiesta, de hombres, de mujeres, alimentos propios de embarazadas, de niños, de mayores, alimentos de celebración etc. Se han establecido normas y reglas más allá de la valoración nutritiva de la propia comida.

El consumo de alimentos en las poblaciones, la más objetiva de la expresión de sus hábitos alimentarios, ha ido evolucionando con el tiempo y la humanidad ha visto ampliadas sus posibilidades con los descubrimientos geográficos, las migraciones de la población, los intercambios y la presencia de las nuevas tecnologías.

En el momento actual el mundo convertido en una «aldea global» tiene a su disposición una enorme despensa con múltiples variedades de productos lo que no significa que todos los seres humanos tengan garantizada su comida diaria, aunque esto sea posible si se usan los recursos con generosidad y sentido solidario.

Los intereses económicos y el capitalismo salvaje constituyen enormes barreras para conseguir el derecho a una alimentación saludable.

La solidaridad generalizada es todavía un tema pendiente y una humanidad en gran parte hambrienta es una llamada de atención a los líderes mundiales.

Los hábitos alimentarios tienen su origen en factores extrínsecos: estructura de la familia y distribución de los papeles entre los miembros que la componen; organización escolar y laboral; recursos económicos, de conocimientos, actitudes, habilidades, destrezas y tiempo disponible así como la aceptación social de los propios hábitos alimentarios.

Entre los factores intrínsecos destacamos la personalidad del individuo, su jerarquía de valores, el nivel de convicción y credibilidad que le merecen las recomendaciones que se le hagan desde las instituciones así como la importancia que concede a los líderes sociales y personas que representan y simbolizan el éxito en su más amplia acepción.

Vivimos en una sociedad tecnológicamente avanzada en la que los cambios se producen de forma muy rápida. Los valores tradicionales se ponen en cuestión, y el ser humano ha llegado a la categoría de «hombre masa» tratando de encontrar su camino, protegido por las corrientes de opinión mayoritarias, amparándose en las decisiones colectivas y a salvo del riesgo individual.

La sociedad actual pone el énfasis en la responsabilidad y la libertad como máximos valores humanos, pero, al mismo tiempo, se dota de sistemas de desarrollo que aspiran a normalizar las respuestas, deseos y aspiraciones individuales para ejercer el mayor control posible de forma indirecta.

Los comportamientos de los seres humanos y las decisiones que de ellos se derivan en su contexto social, van configurando su estilo de vida mediatizado por la propia personalidad del sujeto y las presiones del medio social.

Los profesionales sociosanitarios, al ejercer sus funciones en los programas de prevención y promoción de la salud, recomiendan a la población la mejora de los hábitos de vida y entre ellos los hábitos alimentarios como forma de luchar contra las patologías dominantes en el siglo XXI, muy relacionadas con la malnutrición por exceso (obesidad) y por defecto (carencias de nutrientes).

Los hábitos alimentarios están muy ligados a los estilos de vida: sistema laboral, utilización del tiempo libre, forma de relacionarse, organización de la vida familiar y social etc

A la hora de elegir el tipo de dieta que se adapte a los gustos, preferencias y condición fisiológica (adolescencia, embarazo, lactancia), se debe considerar que estos alimentos serán los responsables de proporcionar la energía y los nutrientes necesarios para el correcto funcionamiento de las funciones vitales del organismo; multitud de alimentos complejos se transforman en nutrientes individuales para ser utilizados en el metabolismo. Estos se clasifican como macronutrientes (proteínas, lípidos e hidratos de carbono) donde estos intervienen en la protección y creación de músculos, aportan energía inmediata,  y en micronutrientes (vitaminas, minerales) quienes actúan como coenzimas, catalizadores y amortiguadores durante el milagroso y acuoso escenario del metabolismo.

FACTORES DE RIESGO NUTRICIONAL

Patrones de ingesta de alimentos

  • Ingesta calórica y proteica mayor o menor de la necesaria para la edad y el nivel de actividad.
  • Ingesta de vitaminas y minerales mayor o menor de la necesaria para la edad
  • Dificultad de deglución
  • Alteraciones gastrointestinales
  • Hábitos dietéticos inusuales (p. ej., pica)
  • Alteración de la función cognitiva o depresión
  • Ausencia de ingesta oral durante más de 3 días
  • Incapacidad o rechazo del consumo de alimentos
  • Aumento o disminución de las actividades diarias
  • Uso incorrecto de suplementos
  • Irregularidad intestinal (p. ej., estreñimiento, diarrea)
  • Dieta restringida
  • Limitaciones en la alimentación

¿POR QUÉ LA GENTE NO CAMBIA SUS HÁBITOS ALIMENTARIOS?

Una de las razones es que la población no percibe los riesgos de sus hábitos inadecuados para su salud y los más jóvenes creen que las consecuencias de comer mal les pasan a otros o se contemplan a muy largo plazo.

Existe, por otra parte, una curiosa adición a las dietas de alto riesgo. La población se decanta por alimentos ricos en grasas, un consumo excesivo de proteínas de origen animal, productos azucarados, alimentos salados, bebidas  refrescantes en sustitución del agua etc. Todo ello en busca de la dieta saludable ideal para lograr mantener o lograr una pérdida de peso deseada.

A esta situación colaboran los numerosos y atractivos estímulos externos canalizados, en parte, por las empresas agroalimentarias mediante las altas inversiones en publicidad y la reiteración de sus anuncios difundidos por los distintos medios existentes. Por supuesto la mayoría de la publicidad va dirigida a productos no esenciales para la salud.

 HIDRATACIÓN, SALUD Y BIENESTAR

En este apartado conviene recordar, entre otras cosas, que para los adultos sanos una deshidratación del 2,8% del peso corporal por exposición al calor o tras un ejercicio fuerte, conlleva una disminución de la concentración, del rendimiento físico, de la memoria a corto plazo, un aumento del cansancio, cefaleas así como reducción del tiempo de respuesta.

En uno de los escasos estudios llevado a cabo entre personas mayores (hombres sanos entre 50 y 82 años), la deshidratación se relacionó con menor velocidad en los procesos psicomotores, atención más pobre y una memoria disminuida.

El efecto contrario de la deshidratación aguda sobre la capacidad de ejercicio físico y sobre el rendimiento está perfectamente establecido, sobre todo cuando la deshidratación supera el 1-2% del peso corporal.

Adicionalmente, sabemos que la deshidratación crónica aumenta el riesgo de cáncer de vejiga. Entre 2001 y 2004, se publicaron diversos estudios que incidían en la relación entre el estado de hidratación y la aparición de litiasis renal.

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