Las dietas proteicas están fundamentadas en una ingesta de alimentos con alto contenido en proteínas. Son capaces, con su aporte proteínico, de modular el metabolismo, provocando saciedad y disminución del apetito y propiciando la pérdida de peso ya que el cuerpo tiene que utilizar una mayor cantidad de calorías para hacer la digestión. Este tipo de dietas de adelgazamiento incluyen muy poco aporte de carbohidratos, recurriendo el organismo a las reservas de tejido graso para obtener energía y así perder peso.

Las dietas proteicas más conocidas son: la dieta Atkins, la dieta Dukan, la dieta Siken o la dieta Scardale. Todas estas dietas para adelgazar se basan en la cetosis.

La cetosis es una situación metabólica del organismo originada por un déficit en la ingesta de carbohidratos, lo que lleva a fin de obtener energía, que el organismo recurra a las grasas, generando unos compuestos denominados cuerpos cetónicos, que las descomponen formando acetona, la cual es usada como energía por el cerebro. De esta manera, el cuerpo ya no usa los glúcidos (carbohidratos) como fuente primaria de energía, sino las grasas.

En otras palabras, una dieta proteica para adelgazar se basa en los fundamentos del metabolismo. El organismo consigue energía a partir de la glucólisis que metaboliza la glucosa. Si no se ingieren carbohidratos y los depósitos de glucosa se gastan se empieza a utilizar las grasas para obtener energía. La beta oxidación de los ácidos grasos consigue energía pero deja unos residuos, los cuerpos cetónicos que disminuyen la sensación de hambre. Al ingerir también pocas grasas se conseguirá una disminución ostensible del peso.

Aunque este tipo de dietas permita una rápida pérdida de peso, también pueden ser perjudiciales para la salud, por lo que no pueden tener el atributo de ser una dieta saludable. Se puede incurrir en una pérdida de masa muscular, que se traduce en una ralentización del metabolismo que es precisamente lo que provoca que al abandonar la dieta se produzca el efecto rebote.

Que el organismo se nutra de energía a través de las grasas, puede producir importantes cambios fisiológicos en el cuerpo que provocan apatía, cansancio, malestar y náuseas, lo cual dicta mucho de éste tipo de dieta de ser una “dieta saludable”. Con la cetosis, también se pueden producir alteraciones en el sistema nervioso que pueden acarrear graves consecuencias para la salud. Es posible presentar, también, carencias de micronutrientes, específicamente vitamínicas, por el reducido aporte de frutas y verduras que tienen este tipo de dietas. A su vez, pueden provocar dislipidemias.

Para poder seguir una dieta de este tipo y tener éxito en la pérdida de peso, deben llevarse de forma controlada, es decir, seguirla solo por tiempo limitado, incrementar el aporte de agua, no restringir las verduras y hortalizas e incluir el pan en el desayuno como aporte extra de energía. Y, por supuesto, llevar un control con un especialista en nutrición es la mejor garantía de éxito en la pérdida de peso.

Este  tipo de dieta tan característica, trae consigo ciertos riesgos que no se deben ignorar:

  • -Un alarmante sobreesfuerzo de los riñones y del hígado.
  • -La escasez de carbohidratos en la dieta pone en marcha una serie de mecanismos en nuestro organismo enfocados a “destruir” nuestra masa muscular para obtener azúcares (energía) a través de la proteína. La pérdida de masa muscular se traduce en una ralentización del metabolismo y este hecho es el culpable de que al abandonar la dieta tengamos aún más tendencia a engordar de la que teníamos antes de empezarla.
  • -Los hidratos de carbono, en concreto la glucosa, son el combustible de nuestras células por lo que esta carencia en la dieta desencadena otro efecto además del anterior, que es la formación de cuerpos cetónicos a partir de la grasa.
    Al entrar en cetosis, órganos tan importantes como el cerebro comienzan a nutrirse con un combustible que no es el habitual y provoca grandes cambios fisiológicos en nuestro cuerpo que producen malestar general, direccionado a cansancio y a apatía.
  • -Con la cetosis nuestros fluidos corporales se vuelven más ácidos (acidosis metabólica) por lo que se pueden producir alteraciones en el sistema nervioso y fallos en la capacidad contráctil de las fibras cardiacas. Se han descrito casos de muerte súbita y comas cetónicos.
    Cabe citar en este punto que las dietas proteicas, sin hidratos de carbono, se usan en clínica a la hora de controlar episodios graves de epilepsia, pues esta acidificación estabiliza las membranas de las neuronas ralentizando la respuesta cerebral, esto es perjudicial en personas sanas y las consecuencias dependerán de la susceptibilidad de cada individuo.
  • -Las dietas proteicas dan mayor susceptibilidad a desarrollar enfermedades crónicas debido a la bajada del pH de los fluidos corporales (acidez).
  • -El afán de nuestro cuerpo por conseguir glucosa a través de las proteínas desemboca en un mal aprovechamiento de algunos nutrientes esenciales, como son ciertos aminoácidos. Esto, junto con la escasez de frutas y verduras, traerá consigo enfermedades carenciales.
  • -La composición de los alimentos mayoritarios en las dietas proteicas suele presentar cantidades considerables de grasa y nada de fibra, por lo que en seguida aumentarán los niveles de ácido úrico, colesterol y triglicéridos.
  • -El estreñimiento se hará patente prácticamente desde la primera semana de seguir la dieta proteica, no sólo por la escasez de fibra sino por las modificaciones en la microbiota (flora intestinal).

Si aún se decide por seguir esta dieta, es necesario seguir las siguientes recomendaciones:

Si es necesario limitar los hidratos de carbono y aumentar las proteínas para forzar la pérdida de peso (situación muy común en las personas con sobrepeso que deben someterse próximamente a una operación quirúrgica) las dietas proteicas se pueden llevar a cabo de forma controlada, para que la misma sea una dieta saludable en su medida para todo aquel que la practique.

  • Seguirla solo por dos o tres días.
  • En estos casos debemos evitar sólo las pastas, arroces, pan y patatas, manteniendo una o dos piezas de fruta al día (preferiblemente en desayuno y media mañana) y sin restringir jamás las verduras y hortalizas, que deben ser abundantes en la dieta. Conviene incluir una ración de pan en el desayuno, pues tras el ayuno nocturno el cuerpo necesita un aporta extra de hidratos de carbono.
  • Siempre que se aumenten las proteínas de la dieta saludable de una persona, es necesario aumentar el aporte de agua hasta los 2 litros al día (agua e infusiones depurativas) de este modo ayudaremos a los riñones a llevar a cabo una función de excreción sin forzarlos.

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