Una dieta o un régimen alimenticio adecuado no debe causar hambre. El hambre es un signo que muestra que el cuerpo necesita energía, al igual que la sensación de sed demuestra comienzos de deshidratación.

Existen personas que  deciden no realizar algún tiempo de comida (desayuno, almuerzo o cena), pensando que de esta forma consumirán menos calorías y obtendrán una pérdida de peso. Para ellos esto es hacer dieta, sin embargo esta práctica no es correcta ya que se basa en ideas creadas por las personas que están desesperadas por bajar de peso.

Los estudios muestran una relación entre no desayunar y la obesidad. Las personas que no desayunan suelen pesar más que las personas que comen un desayuno saludable.  Para poder controlar el metabolismo, es recomendable realizar por lo menos 5 tiempos de comida, esto es la principal característica de las dietas saludables que son lo relativo a las dietas efectivas.

Al respecto, las dietas efectivas se caracterizan por:

  • Desde un punto de vista filosófico, deben ser hipocalóricas, “equilibradas”, variadas, prolongadas, individualizadas y distribuidas en cuatro o cinco tomas (desayuno – merienda – almuerzo – merienda – cena).
  • Ayudar a la saciedad, ya que al ingerir una merienda previa a la comida, el apetito es menor y por lo tanto se queda satisfecho con menos cantidad de alimento.
  • Regular los niveles de glucosa, pues una merienda intermedia, evita que se tenga curvas de glucosa, especialmente en las personas que padecen de diabetes, sin embargo, se recomienda que para ellos la merienda no sea a base de solo frutas, por su contenido de fructosa (azúcar de las frutas).
  • Prevenir la gastritis: El recibir alimento, acorta los tiempos de ayuno, y por lo tanto el tiempo que el estómago trabaja sin alimento es menor, así que es una recomendación para aquellos que ya padecen de gastritis, como para los que no, pues permitirá un mejor control del pH gástrico.

  • Favorece el metabolismo y digestión ya que el cuerpo “sabe” que hay alimento, y por lo tanto, trabaja correctamente, evitando la pérdida muscular, favoreciendo a un metabolismo más acelerado.

Al respecto,, es importante establecer los tiempos de comida, ya que el estómago trabaja las 24 horas del día, no obstante tiene un horario conforme a la rutina personal de cada quien, si se acostumbra a tres tiempos de comida diarios, se ingieran o no los alimentos, el estómago secretará ácido a ese horario regularmente, así que es importante tratar de seguir un patrón de horario para evitar otros trastornos como el aumento de la acumulación de grasa en el organismo, y con ello el sobrepeso, ya que si se somete al metabolismo a unos desajustes derivados de la falta de horarios y rutinas alimenticias, lo que se conseguirá  será un deficiente funcionamiento del mismo.

En base a la larga vida de la humanidad, los especialistas (nutricionistas) destacan que una de las dietas efectivas para adelgazar más reconocida y sustentada en asientos científicos es la dieta del Mediterráneo. Caracterizada por el uso de alimentos de calidad (frescos en vez de procesados), priorizando los ingredientes bajos en calorías (pasta, cereales, verduras, etc.) y dejando los hipercalóricos (grasas, carnes, etc.) como simples acompañantes. Ofreciendo sabores variados sin ningún tipo de restricción.

Las verduras y los granos tienen un protagonismo indiscutible en el modelo de alimentación mediterráneo. Éste se reveló hace unas décadas como el más saludable, especialmente para prevenir las dolencias resultantes del continuo efecto industrial en los alimentos como el colesterol, problemas coronarios, sobrepeso, obesidad, etc. Entre las vitaminas que aportan las frutas y vegetales destacan la A, C y D. Estas disminuyen la oxidación de las lipoproteínas LDL (las que mayor proporción de colesterol transportan) y por tanto previenen la arteriosclerosis. Al respecto, dichos productos vegetales son ricos en fibra, aumentando la sensación de saciedad y facilitando el tránsito intestinal, cosa que evita la reabsorción de sustancias tóxicas, permitiendo la pérdida de peso saludable, aportando un completo compendio de nutrientes esenciales, siendo los segundos alimentos más importantes para otorgar energía al organismo.

En este sentido,  los primeros alimentos con mayor aporte energético para el organismo serían las papas, los cereales y sus derivados gracias a su alto contenido de hidratos de carbono.  Hay alimentos que  aportan más energía que otros, pero concretamente el pan tiene un aporte calórico moderado y apenas contiene grasa. Además, tiene un poder saciante elevado. Recientes evidencias científicas sostienen que no está justificada su inmerecida fama en el aumento de peso.

El consumo del pescado prevalece sobre la carne, gracias a que contribuye a normalizar la presión arterial y disminuye el riesgo de enfermedades cardiovasculares puesto que contiene ácidos grasos poliinsaturados.

Así pues, a pesar de su alto aporte energético, la carne roja, las vísceras, las grasas de origen animal, los azúcares y los dulces deben consumirse de manera muy esporádica y en cantidades pequeñas debido al elevado contenido en grasas saturadas de estos alimentos. Las vísceras con un nivel muy alto de colesterol, ofrecen vitamina B12, la única que no se encuentra en los vegetales. Se debe ingerir con moderación alimentos como la leche y sus derivados que aportan vitaminas A, E y D y minerales como el calcio y el fosforo.

El aceite de oliva es el más utilizado en la cocina mediterránea. Es un alimento rico en vitamina E, beta-carotenos y ácidos grasos monoinsaturados que le confieren propiedades cardio-protectoras. Este alimento representa un tesoro dentro de la dieta mediterránea, y ha perdurado a través de siglos entre las costumbres gastronómicas regionales, otorgando a los platos un sabor y aroma únicos. La dieta se  complementa con un consumo moderado de vino en las comidas. Estudios recientes demuestran que ayuda a prevenir los problemas cardiovasculares.

Ningún alimento tiene la capacidad de engordar o adelgazar por sí mismo. El aumento de peso se produce cuando se consume más energía de la que el organismo necesita. Moderar las cantidades de alimentos, prevaleciendo todos los de característica hipocalórica, cuidando el modo de preparación y conservación, evitando la mínima pérdida nutrimental y una constante actividad física sea leve, moderada o intensa, serán la clave para que una dieta sea efectiva.

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