El té se obtiene mediante la infusión, en agua hirviendo de las hojas tratadas del arbusto del té, Camellia sinensis. Es una de las bebidas más populares del mundo y su origen, incierto, se sitúa en China y en India. A través de las rutas comerciales de Asia Menor llegó a Europa a principios del siglo XVII. En función del tratamiento al que se someten las hojas, el té puede clasificarse en 3 grandes grupos: el verde, que tiene un tipo de hoja muy natural, sin fermentar y con un claro aroma a verdura fresca, el té semifermentado, de color marrón verdoso, cuyo sabor es más intenso que el verde, pero más delicado que el negro; y este último, que se somete a un proceso de fermentación por lo que adquiere un color oscuro.

El resultado de esta refrescante y constituyente infusión ha dado la vuelta al mundo. Según algunos escritos, el té fue una medicina hasta el siglo III y no alcanzó su edad de oro hasta la dinastía Tang (en China 618 – 906), época en que empezó a consumirse por placer y no como remedio.

Así pues, la composición química del té oscila dentro de unos límites muy amplios, de acuerdo con su edad y tratamiento. Destacan entre estos la cafeína del té (antiguamente denomida teína) que es la responsable del efecto estimulante del té. Una taza de 100ml contiene unos 30 – 50 mg de cafeína.

También contiene algunos glúcidos como glucosa (0.72%), fructosa, sacarosa, polisacáridos (celulosa, hemicelulosa, pectinas). Los lípidos están en cantidades muy pequeñas (fosfolípidos y glucolipidos). Dentro de los minerales (5%) el elemento principal es el potasio. Otros componentes son pigmentos como clorofila y carotenoides, aminoácidos, enzimas y compuestos fenólicos de gran importancia en el sabor y color del té.

En tal sentido, se puede considerar de aporte nutricional casi nulo pues el  valor actual se encuentra en los poli fenoles por su carácter antioxidante, aunque presenta el aspecto negativo de reducir la biodisponibilidad del hierro y otros cationes divalentes. El té verde contiene una apreciable cantidad de compuestos antioxidantes, fundamentalmente flavonoides o compuestos fenólicos, destacando los flavonoles, catequinas, epicatequina, epigalocatequina, kaemperol, etc.

Tanto la disminución de la ingesta energética como el aumento del gasto energético son puntos clave para conseguir un balance energético negativo y, en consecuencia, para traducirse en una pérdida de peso. Así pues, algunos autores han reportado que la cafeína puede tener un efecto termogénico, que podría ejercer cierto resultado en el aumento del gasto energético basal, aunque la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria considera que este efecto no está probado. Asimismo, se ha detectado que el efecto termogénico del té verde no puede atribuirse únicamente a su contenido en cafeína, observándose que la mezcla de cafeína y catequinas-poli fenoles puede tener un efecto mayor sobre el gasto energético que una cantidad equivalente de cafeína

El té verde ejerce efecto en la oxidación del componente lipídico y proteico de las LDL (lipoproteína de baja densidad o colesterol malo), modificando su destino metabólico, favoreciendo su fagocitosis por parte de los macrófagos y su depósito en el epitelio vascular. La acumulación de LDL oxidadas favorece la inflamación del epitelio vascular, facilitando la formación de la estría grasa, que es la antesala a la formación de un ateroma. Los antioxidantes de acción endógena tales como los tocoferoles, el ascorbato y el ácido úrico, cumplen una importante función al prevenir la oxidación de las LDL. Sin embargo, cuando la presión oxidativa generada por la formación de especies reactivas del oxígeno supera la capacidad de protección, se produce el inicio de la oxidación.

El extracto de té verde incrementa la resistencia a la oxidación de las LDL de una manera dependiente de la concentración. Las catequinas inhiben la proliferación de las musculatura lisa del epitelio de la aorta, que conduce al estrechamiento de esta. Los flavonoides contenidos tanto en el té verde como el té negro (quercetina, miricetina y kanferol) inhiben la oxidación de las LDL al permitir la regeneración de los tocoferoles, antioxidantes naturales de estas lipoproteínas. Es decir que estos componentes evitaran la formación de grasa en los depósitos tisulares, ayudando a adelgazar y por consiguiente obtener un peso ideal.

Los resultados son concluyentes en el sentido que en el largo plazo el consumo de té produce una hipocolesterolemia (niveles bajos de colesterol). El mecanismo es desconocido y parece no estar relacionado con los efectos antioxidantes ya comentados. El efecto hipocolesterolémico del té está asociado al tipo de isoforma de apoE (Apolipoproteína E) que exprese mayoritariamente el individuo. Existen tres isoformas de apoE: apoE2, apoE3 y apoE4, aunque todas son codificadas en el mismo locus del cromosoma 19. Aquellos individuos que expresan mayoritariamente la isoforma apoE4 presentan altos niveles de colesterol plasmático y difícilmente responden a terapias hipocolesterolémicas. Aquellos individuos que expresan las isoformas apoE2 y apoE3 son más propensos a responder y en general regulan niveles más bajos de colesterol plasmático. El consumo de té produce efectos benéficos solo en aquellos individuos que expresan los isoformas apoE2 y apoE3. Se ha observado que el consumo de té inhibe la actividad de la lipasa intestinal (pancreática) con lo cual disminuye la capacidad hidrolítica de la enzima sobre las grasas. Este efecto se traduciría en una menor absorción de triglicéridos (como monoglicéridos) y de colesterol, lo cual podría derivar en una herramienta para bajar de peso.

Además de los efectos del té en las dos más importantes patologías que afectan al mundo occidental (cáncer, obesidad), muestra una variedad de efectos metabólicos, muchos de ellos aún en estudio. Experimentalmente se ha demostrado que la administración de té a ratas con obesidad exógena, disminuye la masa del tejido adiposo y previene la formación de hígado graso. Además, el té estimula la termogénesis del tejido adiposo, facilitando así la disminución de la grasa tisular permitiendo adelgazar. La ingestión de extractos de té verde por parte de voluntarios jóvenes en un estudio, produjo un aumento del gasto energético y una disminución del cociente respiratorio medido durante 24 horas, en comparación con el grupo control que recibió un placebo o un tratamiento equivalente con cafeína. Los autores del estudio sugieren que los polifenoles del té inhiben la actividad de la enzima catecol-o-metiltransferasa microsomal hepática, actuando así en forma sinérgica con la cafeína en prolongar la estimulación simpática de la termogénesis, sirviendo como quemagrasas con un pequeño rango de acción.

Realmente, no ejercerá un ¨poder milagroso¨ el té verde para adelgazar, solo brindará su ayuda de una forma mínimamente concreta, es decir, seria completamente erróneo y con serias repercusiones a la salud si se decide consumir de forma constante y como principal ¨alimento¨ de la dieta, sus beneficios son más estimulantes que adelgazantes, y una forma de incorporarlo en el día a día sería ingerir una taza de la infusión por la mañana junto con el desayuno o después de este como merienda de media mañana.  La ingesta de té verde o de sus extractos no ejerce efectos estadísticamente significativos sobre el peso de adultos con sobrepeso u obesidad. Se  observa un pequeño efecto sobre la disminución del porcentaje de masa grasa, pero no es clínicamente relevante.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.