Existe una gran montaña de información en lo que respecta a las dietas milagro, cuando no son los propósitos de año nuevo, es una precoz operación biquini. Siempre queremos ver que los resultados sean rápidos, así que la impaciencia nos puede más y recurrimos a una búsqueda desesperada de algún tipo de dieta que nos pueda ayudar.

Muchas veces hay tantas noticias sobre algún tipo de dieta avalada por celebridades, ofreciéndonos soluciones rápidas e indoloras al sobrepeso nos despistan de las únicas recomendaciones que tienen el consenso de los profesionales: una dieta equilibrada y ejercicio físico. Los milagros no existen y esto conlleva no solo a una frustrante pérdida de tiempo (y lamentablemente también de dinero), sino de los inminentes y probables riesgos a los que se enfrentaría nuestra salud.

Un problema con el que se encuentra la ciencia a la hora de evaluar las consecuencias a largo plazo de este tipo de modas es que son muy difíciles de mantener durante el tiempo necesario para que sus efectos sean comprobados.

Haremos un breve recorrido por los tipos de dietas más comunes, de mano de expertos nutricionistas y estudios científicos para dilucidar qué tienen de eficaz y qué de invento o de negocio. Pero, sobre todo, para conocer cuáles son los riesgos asociados a su práctica.

Dieta de la zona

La dieta de la zona es un tipo de dieta que se está haciendo popular porque pretende cubrir las necesidades nutricionales de los macronutrientes. Para llevarla a cabo, simplemente hay que aplicar un principio básico: consumir carbohidratos, proteínas y grasas en cada comida.

Se recomienda consumir cinco comidas diarias, y el consumo se realiza de la siguiente manera en cuanto a distribución porcentual: 40% carbohidratos, 30% proteínas y 30% grasas. Las grasas deben ser principalmente saludables, es decir, de tipo monoinsaturadas y poliinsaturadas; y los carbohidratos deben ser mayoritariamente complejos, es decir, de absorción lenta.

Dieta Vegana

El veganismo, más bien es una filosofía o un estilo de vida, en el que la persona no come nada que provenga de los animales, incluyendo huevos y lácteos. Los veganos, generalmente, no adoptan el veganismo por razones de salud, sino más bien por razones ambientales y éticas.

A pesar de que la dieta vegana ha recibido críticas, distintos estudios han confirmado que resulta ser una dieta saludable. Sin embargo, es necesario que se incluya variedad en la dieta para beneficiarse de un alto valor nutritivo, y es necesario ingerir una cantidad razonable en proteína vegetal y en hierro. Muchas veces es necesario recurrir a diversos tipos de suplementación en este tipo de prácticas. Si quieres llevar a cabo este tipo de dieta, es recomendable que acudas a un profesional para informarte.

Dieta orgánica

La dieta orgánica surge casi como una necesidad en la actualidad, pues muchas personas no son conscientes de lo que están ingiriendo. Los productos procesados, con altos niveles de sal, azúcar y grasas trans y saturadas están en todos los rincones.

El eje principal de este tipo de dieta radica en que los alimentos que van a ser consumidos deben ser orgánicos. Éstos se caracterizan porque su proceso de cultivo es totalmente natural, sin químicos, sin aditivos, sin pesticidas, sin fertilizantes, sin hormonas, sin ser transgénicos, es decir, sin compuestos tóxicos y agresivos que contaminan la tierra, su fruto y, en consecuencia, no son saludables para las personas.

Dieta mediterránea

La dieta mediterránea es una de las dietas más conocidas en el mundo entero, puesto que su práctica es muy saludable, especialmente para la salud de nuestro corazón. Se conoce como dieta mediterránea, porque tiene su origen en los hábitos nutricionales del sur de Europa, que incluye países como Grecia, España o Italia.

Para seguirla debes darle prioridad a las frutas, verduras, granos enteros, frijoles, nueces, legumbres, aceite de oliva, hierbas y especias, pescado/mariscos varias veces a la semana, carnes blancas, huevo, queso, yogurt y dejar el dulce y las carnes rojas solo para ocasiones especiales, se consume en muy poca medida. No se debe consumir gran cantidad de comida en este tipo de dieta, y es preferible ingerir productos de la temporada. Esta dieta sugiere cocinar a la plancha, hervido o consumir los alimentos crudos y frescos.

Paleodieta

La célebre dieta paleo fue propuesta en los años 70 y aboga por una alimentación al estilo de nuestros antepasados cazadores-recolectores del Paleolítico. Existen incontables variantes de esta dieta, pero generalmente consiste en suprimir no solo los alimentos procesados, sino también los cereales o legumbres, así como priorizar el consumo de productos frescos, como carne, pescado, verduras y frutas.

“Algunas de las propuestas de la paleodieta están respaldadas por la evidencia científica actual, como es el consumo abundante de frutas, verduras y frutos secos o la restricción de los alimentos procesados”, señala la nutricionista María Manera Bassols, miembro de la Sociedad Científica Española de Dietética y Nutrición (SEDYN) y colaboradora de la Agencia de Salud Pública de Cantalunya. “Sin embargo, muchos otros de sus pilares no están acordes con las recomendaciones actuales de salud pública, como la de evitar cereales, legumbres o productos lácteos, o bien que el consumo de carne (sobre todo roja) y pescado tenga un papel central o que se consuman sin límite”.

Muchas veces, la razón por la que se obtienen buenos resultados al seguir pautas en la dieta paleo es consecuencia de eliminar o restringir alimentos muy procesados que contienen, además de harinas refinadas, azúcar y grasas poco saludables. Es difícil, por lo tanto, atribuir a las particularidades de la dieta paleolítica todos los beneficios que prometen sus defensores. A día de hoy, no existen estudios rigurosos, a largo plazo y contundentes que afirmen que la paleodieta debe ser recomendada para prevenir enfermedades crónicas o para controlar el peso corporal. No solo eso: según el Grupo de Revisión Estudio y Posicionamiento de la Asociación Española de Dietistas-Nutricionistas, entre las consecuencias de un exceso de proteínas están: debilidad, riesgo de fractura ósea, ganancia de peso a largo plazo, síndrome metabólico, daño renal, desórdenes gastrointestinales, pérdida de la autoestima, depresión y alteraciones en el comportamiento alimentario.

Cuando pensamos en tener un estilo de vida saludable lo primero que se nos viene a la cabeza es la práctica de ejercicio físico y evidentemente la correcta alimentación. Es frecuente que asociemos la pérdida de peso con el bienestar físico y mental. Sin embargo, eso no siempre es así. Existen infinidades de dietas que sacrifican nuestra salud por el objetivo de perder peso, algo que no es para nada recomendable.

La clave para perder peso es que consumamos menos calorías de las que quemamos. Si no queremos que nuestra salud se vea afectada, debemos cubrir nuestras necesidades alimentarias básicas. Siempre es preferible consultar con un especialista en el área de los alimentos, como lo puede ser un nutricionista dietista o un médico que ha llevado una especialización en nutrición.

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